El mejor ceviche de Perú
marzo 28, 2012
Todo el mundo sabe que Lima es una de las capitales gastronómicas del planeta.
Junto con la china y la mexicana, la cocina peruana ha logrado abrirse camino como un “gran descubrimiento” para el mundo gracias a su popularización dentro de la misma población peruana como elemento clave de su orgullo nacional. Uno de los principales impulsores de esta idea y básicamente un “santo” de la cocina peruana es Gastón Acurio. Quien pareciera que todo lo que recomendara se vuelve oro.
Fenómeno mediático o verdadero gurú culinario, lo cierto es que Gastón sabe de comida. Y aunque su restaurante “Astrid y Gastón” aparece en todas las guías como uno de los mejores de Lima (y no lo dudo) tuve la dicha de probar dos de los sitios que han sido visitados y benditos por el santo Gastón: Chez Wong y Cebichería Andrea.
Chez Wong
Aunque la escogencia de nombre sugiere aires de pomposidad francesa, lo cierto es que lo único que este restaurante tiene de francés es el apellido del chef.
Tuve la suerte de que una amiga conociera al famoso “Chino Wong” y nos consiguiera una mesa de un día para otro en lugar de la lista de espera de semanas que dice tener el restaurante.
El sitio no tiene ni un rótulo en la puerta y para llegar creo que únicamente un limeño podría lograrlo. Tocamos el timbre y nos hicieron pasar a lo que parecía un garage rehabilitado con no más de ocho mesas de cuatro personas. Al fondo del garage, un mostrador en el que un hombre preparaba algunos ingredientes y, a sus espaldas, un área con otro par de asistentes de cocina que esperaban a que saliera la estrella del espectáculo.
A mi izquierda se deslizaron dos puertas corredizas que dejaban ver una sala de televisión de clase media latinoamericana: Sillón de madera y tela con patrón felino en tonos cafés, cortinas de encaje…y no alcanzo a ver mucho más porque por ese espacio aparece un Señor Miyagui peruano con su gorrito/boina característico. (No me refiero al gorro de los cocineros sino a una version blanca de los gorros que suelen aparecer en las fotos de los militares chinos de la era Maoista).
La gente en las distintas mesas deja de hablar por un instante al verle entrar y todos pretendemos no estar emocionados ante la presencia de tal celebridad. Yo debo admitir que nunca había estado tan cerca de un “Celebrity Chef” y en ese momento se materializaron todos mis sueños de televidente fiel del Food Network. El Chino Wong no sale en Iron Chef o Chopped pero estamos hablando de ese nivel de cocinero y a las emociones que pueden generar en alguien como yo. Estoy seguro que el día que en alguna calle de Nueva York me encuentre con Anthony Bourdain me voy a orinar como una quinceañera ochentera viendo una película de Rob Lowe. Aprovechando mi condición de turista, desvergonzadamente saqué mi cámara junto con mis compañeras de mesa y nos dedicamos a documentar el ritual que estaba a punto de desarrollarse.
Lo que hay que tener claro cuando uno va en búsqueda del Maestro Wong, es que uno no escoge lo que va a comer. Él es el artista y es quien decide lo que va a crear en el momento. Siempre prepara su plato insignia (ceviche de lenguado) y le suma un segundo de creación espontánea en el wok. Dicen que ha habido días en los que luego de preparar el ceviche decide que está cansado o que le falta inspiración y que los asistentes al espectáculo se quedan con las ganas de la segunda parte del show.
El Chino Wong no sólo es una eminencia culinaria. Es una diva. And you don’t mess with a diva. En cuestión de dos minutos, el señor Miyagui peruano había recibido un lenguado entero por parte de su asistente y lo había cortado con una delicadeza y velocidad que parecía un escultor trabajando para una audiencia esnob lista para aplaudir a cualquier obra que saliera de ahí.
Si yo tratara de hacer lo que ese señor hizo con ese pescado, sin duda terminaría en emergencias de cualquier centro médico con al menos tres dedos menos.
Tras un minuto de macerar los trozos de pescado en una tonelada de jugo de limón con una mezcla secreta de especies, nos sirvieron un orgasmo culinario. Este tiene que ser, sin duda, el mejor ceviche del mundo. Ya ni me acuerdo del sabor de la segunda invención del famoso chino, sé que también fue delicioso, pero el ceviche simplemente no tiene perdón. La gente que dice hacer buen ceviche debería vivir la experiencia para sentir la más placentera humillación de sus vidas. Después del ceviche del chino Wong, sólo existe pescado en trozos con limón que intenta ser ceviche.
Cevichería Andrea
La comida siempre sabe mejor en la calle o en el mecado. Debo admitir que una de mis debilidades de andarín es la comida callejera. No puedo pasar frente a una de esas parrillas armadas con aros de llanta en las que cocinan pinchos de carne sin empezar a salivar. Es más, tengo que controlarme en ocasiones porque, en más de una, he estado a punto de comprar inventos culinarios callejeros cuyos ingredientes principales son cólera, helicobacter y salmonela. De hecho, en mi breve visita a Cuzco y Machu Picchu tuve uno de esos momentos de debilidad y sentí la versión inca de la “venganza de Moctezuma”.
Pero esa es otra historia. A lo que quiero llegar es a que, teniendo esta debilidad, cuando me ofrecen la posibilidad de comer en un mercado local, no hay forma en el mundo que vaya a negar la invitación. Mis amigos peruanos me hablaron de un local en el mercado de Jesús María en Lima en el que podíamos ir a comprar un ceviche delicioso para llevar.
El sitio había sido visitado y bendecido por el mismísimo Santo Gastón y, desde entonces, encontrar un banco en su barra a la hora del almuerzo es prácticamente imposible.
Al final de un pasillo cubierto en loza de baño blanca y adornado a cada lado con pollos colgando aún con cabeza, distintas partes de ganado vacuno en exhibición y un display de mariscos sobre camas de hielo, se encuentra lo que parece un puesto de la bolsa de valores de Nueva York en el que los corredores gritan: “¡Andrea! Dos mixtos de ocho y uno sencillo de seis” “¡Andrea! Cuatro mixtos de seis” mientras otro anota en una libretita de papel periódico las órdenes de los que se van acercando. Andrea tiene a la vista de todos dos ampliaciones de su foto con el santo de los peruanos: Su salto a la fama y acreditación equivalente a tres estrellas Michellin o la más alta calificación en Zagat.
Andrea, al igual que el Chino Wong, también es una diva y es la estrella indiscutible del mercado. Su cocina le merece ese nivel de atención y, por seis u ocho soles, le permite a quien se atreva a probarla, una experiencia de ceviche que en cualquier restaurante que diga ser peruano en otra parte del mundo costaría, con suerte, el triple.
Tanto al maestro Wong como a Andrea se les ve felices haciendo lo que hacen y no tienen que abrir una franquicia de restaurantes para “consolidarse”. No lo harán, ni les interesa. Los peruanos saben comer bien y no les importa moverse para buscar esas buenas experiencias.
Yo me puedo quedar tranquilo de saber que, en mi primera visita a Lima, tuve el honor de probar el mejor ceviche de Perú tanto en el show culinario del señor Miyagui, como en un tramo irreplicable del mercado de Jesús María.
¡Que viva el ceviche y que viva Perú!
-A.G.
I had oral sex with New Orleans
enero 22, 2012
“We are right down there at the very bottom of the map” – said Shawn’s eyes through the rear mirror as he drove me to the airport – “but if Katrina don’t bring us down, there aint’ nothin’ that will. Whenever life tries to bring us down, we get right back up. It has always been like that and it always will be.”
With those words, I reached for the very bottom of my backpack and took out my travel notebook. It had been a while but I knew that I had it.
Writer’s block was over.
My own personal mental Katrina had cleared and I knew what I would write about and how I would do it.
The bitch was back, babies. Andarín was back.
I always say “I’ll be back” since I have so many unfinished drafts of my adventures sitting on my desk. I must confess that I have sat down and tried really hard to complete them but it has proven to be a frustrating and seemingly impossible task.
But here I was on a cab to Louis Armstrong International and po’ boy was I back!
Don’t let Berlin read this post, I wouldn’t want to break my fiancées heart, but her cold white skin and the long distance has made us grow apart and in my insatiable lust and weakness for travel…
[Enter stage a curvy, steamy, sensual Josephine Bakeresque woman wearing nothing but an eternal pearl necklace that slithers over every hill of her body. Covering just enough of what must be covered. A pair of silver crescent shaped earings and a tattoo of a fleur de lys on her lower back. She speaks in a low, brassy voice.]
WOMAN
Hey baby.
ANDARÍN
Huh-hey.
WOMAN
You alone?
ANDARÍN
Well, I’m on the road. Traveling.
[music is heard in the background]
WOMAN
I’ll take that as a yes.
Hmm. You like jazz?
ANDARÍN
Jazz? Sure.
[she slowly gets closer to him. Humming a slow tune.]
WOMAN
What’s yo’ name?
ANDARÍN
Andarín.
WOMAN
Hm. And-aw-reen? You definitely aint’ from around here.
[She gets closer]
You like to have fun?
ANDARÍN
Um, yeah. Of course.
WOMAN
[She gets even closer. To the point where he can feel her cayenne pepper breath almost touching his lips]
I could show you around if you want.
ANDARÍN
Um. Why, thanks. I… I’d love that.
WOMAN
I’m Nawlins by the way. Call me Nola.
[She leads him off-stage towards the music]
They say that once you go black you never go back. Well, once you go Nola, all you wanna do is go back. To her. Only to her.
“Nawlins is like that, you know. I’m like that” – Shawn kept going- “We come from nothin’ and we know that you gotta live life right here, right now. You don’t know whas’gon’happen tomorrow. You don’t even know whas’gon go down later today! And after Katrina, we see things in a very different way. Some of us lost everythin’… But we got back up.”
I disagree with my friend Shawn. I will never believe that this city comes from nothing. If there is anything to believe about New Orleans, it is quite the opposite. From what I experienced, this city comes from a little bit of everything and is, by itself, a universe.
New Orleans is a catfish blackened in the most decadent and awkward rub of magic spices. The kind of mix of ingredients that would make you think twice about biting into it and yet, when you finally do, there is no force in nature capable of reversing the jazzy, juicy voodoo spell it casts upon you.
Shawn the cabby is like New Orleans. They both say they come from nothing but deep down they know that they are probably the richest, most diverse melting pot in the entire United States and one of the most important in the world, without a doubt.
It is not a coincidence that they have the highest concentration of heritage architecture in the country and that, as you walk through the different streets and neighborhoods, you can almost hear the walls and trees laughing, singing, crying and screaming out loud what they have seen.
On one side of the city, the trees around the white mansions of the Garden District look like black giant slaves giving shade to their antebellum masters. The neighborhood is hauntingly quiet. A silence that almost speaks of an unspeakable shame.
On the other, my good old friend Beelzebub hosts one hell of a party on Bourbon Street and I’m sure even Jesus is invited and having a good time there. This is not a city that supports any debate on what’s good or evil. Such concepts simply do not exist and this leaves room for some real, unapologetic enjoyment of a little thing called life.
Another undebatable truth is that, though you might wear a mask down Bourbon St. or enjoy the music on Frenchman Street just as much as any other human being next to you, you just can’t fake being a Neworlenian.
You were either born (or reborn) there or you simply weren’t. They say that when in Rome, do as the Romans. I now say, when in New Orleans… Watch and learn, baby. Watch and learn!
Forgive me father for I have sinned. Again.
I have fallen in love with another city and feel no sort of remorse. I have enjoyed every second with her and can’t wait to go back for more.
New Orleans is truly one of the most spell-binding places I’ve been to. Its people, its streets, its architecture and its food. Let me say that again: Its food! Eating fresh oysters at the French market was like having oral sex with Nola. She gives herself to you with no measure and still keeps you asking for more.
People go to Nawlins for her famous bacchanal: Mardi Gras. But little does the world know did I know that this city is a party year-round. Forget Bourbon street (if you stay there too long it starts looking like Disney World for drunk adults), walk past the French quarter and into the Marigny. Right on the border between the two neighborhoods is Frenchman street. A haven for all music lovers and ageless bohemians. Nola lead me to that street, holding my hand and once we got there, she went from holding it to putting it against her sweaty warm chest. I could feel her every heartbeat go up and down that street. With every organ pumping and letting her hot musical blood go through it.
Every aspect of New Orleans stimulates your senses and that’s probably why it becomes such an intense city to visit. Even the sixth sense is heightened there. The energy felt in this city is one of its main characters. It is an almost palpable mix of euphoria and nostalgia that I can only compare to what I’ve felt in places like Rome, London and Istanbul. A lot of shit has gone down there. Good and bad.
I cannot even begin to describe all of the things I loved about Nola. Every single second spent with her are deserving of a post on this blog. For now, all I can say is that it truly surprised me. It made me feel alive and reminded me of how travel is the only way to go.
Santa Fé de Bogotá (Primera Parte)
junio 8, 2011
Había prometido hace mucho tiempo que escribiría sobre Bogotá y no lo había hecho por varias razones. Principalmente porque no sé por donde empezar.
A como he amado otras ciudades, Santa Fé de Bogotá entró en mi lista de amantes fugaces. La amo por muchísimas cosas: Desde la llegada a su decadente aeropuerto de El Dorado hasta su insaciable sed de rumba.
Este no será el último post sobre esta Bogotá que está en pleno renacimiento. Cosa que se siente en el aire (una vez que se logra filtrar las toneladas de contaminación). Bogotá es la definición de metrópoli latinoamericana, con su crecimiento mal calculado, el caos vial, la excelente gastronomía, su economía informal y su cultura creyencera.
No puedo escoger una sola cosa que sea mi favorita sobre esta ciudad. Lo extraño es que estando ahí siento como si fuese mi ciudad natal. Es más, como me dicen mis amigos colombianos: Bolivar, soy yo.
Para empezar a contarles sobre Bogotá, hice una lista de cosas que me parecen imperdibles (y que van más allá de la típica y obligatoria visita a Andrés Carne de Res).
En Santa fé de Bogotá hay mucho por ver y hacer. Aquí viene la primera entrega de algunas de mis favoritas.

El trancón: No se puede decir que se estuvo en Bogotá sin un viaje en Transmilenio o al menos un par de horas metido en el trancón.

Palabras de Gaitán. Vale la pena la visita a la placa ubicada afuera del McDonald's (Esquina de la 7 con 15)
Uno de mis barrios favoritos es el de La Candelaria, en pleno centro histórico de la ciudad. Caminar por sus estrechas calles de piedra y ladrillo y las casitas coloniales de colores lo hacen pensar a uno en las historias de escuela sobre el Virreinato de La Gran Colombia.
Al igual que en otras grandes ciudades del mundo, en esas calles se siente una energía muy fuerte. Son sitios en donde han pasado muchas cosas, y ninguna de ellas en vano.
Estando en La Candelaria, no se puede dejar de probar un croissant de almendras en la Pastelería Francesa, una joya perdida en la parte alta de este barrio.
Al ir bajando hacia la Plaza de Bolivar (el corazón histórico de esa ciudad) vale la pena desviarse unos pasos para visitar un tesoro arquitectónico de ladrillo: El Archivo General de la Nación (Carrera 6ta, No 6-91), un trabajo impecable de Rogelio Salmona. Uno de los arquitectos insignia de Bogotá.
Al llegar, vayan a la plazoleta redonda que está al ingreso del edificio. Párense en el centro y aplaudan: La experiencia es inigualable. Es todo lo que tengo que decir.
Si hubiese que asociar a Bogotá con algún material, definitivamente lo que se viene a la mente es el ladrillo. Es una ciudad anaranjada al lado de imponentes montañas azules.
Las siguientes tres marcas son parte de lo que me conquista de Bogotá y para mí son tan imperdibles como la visita al famoso Andrés, Carne de Res:

Quien vaya a Bogotá y no viva el éxtasis de comprar en Carulla, explorar medicamentos en Farmatodo las 24 horas o pedir desayuno de Pan Pa’ Ya! a domicilio, es mejor que no vaya del todo.
En el caso de Carulla, les recomiendo apasionadamente que prueben ciertos productos clave que ayudan a completar la experiencia bogotana: La feijoa, el quesito para el desayuno con arepas, las uchuvas (que parece que tuvieran crack adentro porque una vez que uno empieza a comerlas no puede parar) y el tomate de arbol. Éstos, entre la enorme cantidad de productos locales que uno puede seguir descubriendo día con día durante meses.
Al igual que no tiene sentido venir a la ciudad de ladrillos sin probar lo que he citado hasta ahora, a continuación vienen cuatro actividades que forman parte de la esencia de la vida bogotana:
1. Pedir un taxi express: No sólo el sistema es ultra efectivo y seguro sino que al llamar a pedir un taxi a uno le comparten trozos de sabiduría que le ayudan para el resto de sus vidas. Como leí en otro blog al estar buscando info sobre esto, pareciera que uno llamara y, en lugar de pedir un taxi, pidiera un proverbio.
2. Tomar Guaro (o Aguardiente) en una tienda y/o, preferiblemente, en la calle:
3. Cantar un buen vallenato (evidentemente, mientras se sigue tomando guaro en la tienda con sus amigos)
4. Seguir tomando. En esta ciudad el aguardiente es rey y hay que hacer como los bogotanos: quien no rumbea, no vive.
Bogotá no acaba aquí. Ni mis visitas ni todo lo que tengo que contar sobre ella. Pero esta es una primera probadita de una ciudad que representa el intenso renacimiento latinoamericano.
Encontré un poema de Andrea Carolina González Rojas sobre la ciudad que me pareció interesante y quería cerrar este post con un extracto del mismo (Bogotá querida):
No llores, no llores
¡No llores!
esas lágrimas que me envenenan
No llores
Tierra hermosa
Bogotá querida
-Mi Bogotá querida-
No llores, no llores
¡No llores!
tu esencia siempre brillará
por mares y
por tierras
nunca pasaras
tierra de ricos y
profundas raíces,
A ti volveré mis ojos,
mis oídos
y mi cuerpo
para verte crecer,
para oírte gozar
y para morir
Al final de mis días,
en tu suave colcha.
Add to wishlist: EVERYTHING ON THE SKYMALL CATALOGUE
abril 8, 2011
Oh yeah. If you started reading this, you know what’s coming… What you and I (and the rest of the world’s travelers) know, expect to find, read and love every time they get on a plane, yet don’t dare admit to adoring: SkyMall.
Oh yeah, baby. You know you’ve always wanted those foam steps for your dog to gracefully climb up into bed with you. Admit it. None of us can deny the insatiable need to at least try every single item on that magazine. I mean, it is the wet dream of any infomercial addict. A print version of infomercial-crack heaven!

Every traveler's dream come true. Wouldn't you just want this man to become your new BFF if he sat next to you on a plane?
Can you seriously tell me that you wouldn’t give anything to meet someone who actually has the SkyMall classic Big Foot statue in their backyard? I, for one, can say that I will not die happy until the day I finally do meet that person. If you are reading this, please make sure, if I unfortunately die without meeting the Big Foot’s classy owner, that I get THAT instead of a gravestone. Ugh. The mere thought of it is getting me all excited about my own funeral. That’s the kind of joy that only SkyMall can give.
If you want to seriously win me over, please send me something from that magazine. And don’t be common and at least have the class and decency to actually order it from the in-flight magazine and not the online version. SkyMall has its name for a reason.
Here are some scans from a copy I found on a recent flight to Phoenix on US AIRWAYS. And you know nothing says class as US AIR. Browse through these images as if you were having the privilege of entering my brain to see the items that compose my dream wedding gift-list.
First up: The slanket! (which I have decided to re-brand as the “#foreveralone blanket”)
Though I want this with all my heart, I have actually been threatened by my partner about getting it. Apparently, getting this is the equivalent to asking for a divorce in my relationship. Notice how the description aptly says – “for snuggling down with a book or laptop computer” (probably the only actual companions of the owners of this thing).
I don’t even need to introduce this next item. I only have to say that I agree with the Stanley Bing blog in saying that, if anyone is buying these amazing pieces of human creation, then there will forever be hope for any crumbling economy: people will buy anything!

I have no words to describe this. This is the epitome of WTF/ I need it! #foeverandeverandeverandeverALONE!
And you’ll never know what it trully is to live happily and eat right until you use the force and go all Jedi to de-germ your food!
I cannot end this post without saying that, regardless of wether these products are useful or not, wether people actually buy them like they’re going out of style or wether you love them or hate them, SkyMall makes for great in-flight entertainment!
Here are some jewels I found while researching more info for this post. Enjoy!
AG.
This is a song inspired by SkyMall…deep, deep stuff.
The Wort infomerciales in the world. I can´t stop watching this video and wanting every single product.
Finally, our friend Big Foot.
EL ANDARÍN GALLARDO CONFIESA SER UNA PUTA
septiembre 20, 2010
Una figura entra en escena a través de una enorme puerta de marmol. Atravieza el espacio con pasos marcados mientras su silueta es iluminada intermitentemente por la luz que entra por los vitrales. La sombra no permite ver su cara completa. Carga una maleta de cuero rojo. Muy rojo.
Al llegar a una de las pequeñas cabinas de madera se detiene y mira hacia varias direcciones para verificar si ha sido visto por alguien. Como un espía.
Al cerrar la cortinilla de terciopelo purpúreo, los detalles de su figura son apenas visibles por algunos rayos de luz que se cuelan por debajo de ésta y por la malla de madera labrada frente a su cara. La figura se arrodilla y pone en el suelo su maleta de mano roja. Muy roja.
Se escucha una voz profunda que nace de la oscuridad:
-Ave María purísima
Aterrorizado, el andarín contesta:
-Sin pecado concebida.
-Hijo dime tus pecados.
-Padre: Soy el Andarín Gallardo y soy una puta.
———
Obviamente todo esto es una secuencia imaginaria que tuve antes de ponerme a escribir este post. Quería ilustrarlo de esa manera para efectos de dramatismo (y porque considero que la vida debería ser siempre vista como si fuera una película). Obviamente, la secuencia no puede estar más alejada de la realidad.
En el remoto caso de que algún día decidiese entrar en una iglesia a confesarme, lo más probable es que con tan sólo poner un pie en el templo las suelas de mis zapatos empiecen a arder y que mi piel se derrita lentamente como le sucede a los vampiros cuando se exponen al sol.
Pero volvamos al tema de este post y a mi confesión a los cuatro vientos:
Soy una puta.
Puta.
Puuuu Taaaa.
Pu – Ta.
Creo que hay pocas palabras tan deliciosas y satisfactorias en español.
Quiero decirla de Nuevo:
PU TA.
Aunque algunos podrían atribuirme ese calificativo (por otras razones y momentos de mi vida), en este caso lo utilizo para describir mi facilidad de enamoramiento con las ciudades.
No sé cómo explicarlo pero creo que también es algo básico para cualquier persona que viaja y que quiere seguir explorando el mundo: es necesario entregarse a los lugares para poder conocerlos realmente. Al igual que en cualquier relación.
Ya les había dicho que quería casarme con Berlín (y esto no dejo de pensarlo) pero, mientras lo hacemos, nada tiene de malo tener romances con otras ciudades. Es más, diría que es necesario.
Yo siempre fui precoz y en temas de enamoramientos con ciudades empecé muy temprano. A los 9 años, por ejemplo, me enamoré de Ciudad de México pero obviamente nuestra relación no pasó a más por el tema de la diferencia de edad y la interposición de la sociedad y mis padres. Pero bueno, tuvimos nuestro romance y aprendí muchísimo (como con todas mis relaciones).
Tuve un noviazgo de varios años con Francia (al punto de irme a vivir con ella), le dí mi virginidad a Roma (probablemente en la mejor pérdida de virginidad de cualquier ser humano), luego Barcelona me puso cachondo y decidí dejar a todas las anteriores. Pero como todo lo fugaz y pasional, Barcelona se volvió aburrida y frígida (al punto de poder decir que ya no nos soportamos). Y Madrid (¡Ay, Madrid!) siempre estuvo ahí haciendome ojitos de Mecano y yo se los regresaba coquetamente con visitas furtivas de fin de semana.
Como era de esperarse, Estambul hizo que se me derritieran los helados; London siempre me humedece la entrepierna y Manhattan es un excelente follamigo. Sin embargo, una amiga me presentó a Berlín y bueno, ya ustedes saben como fue esa historia. Nos vamos a casar, pero aún no ha llegado el momento. Por ahora nos estuvimos apretando un buen rato y los dos quedamos con ganas de más.
Pero hace varios días conocí a Lisboa y tengo que decir que se me abrieron las piernitas muy facilmente.
Lo que pasa es que una vez que se ha empezado a coquetear con tantas al mismo tiempo y se es correspondido, este flirteo se hace hábito y casi una adicción.
Además, yo soy un fácil. Creo que ni siquiera califico como puta porque ni siquiera cobro.
A mi que me pongan una ciudad que me enseñe algo nuevo y a mi las braguitas se me bajan solas.
Por eso mismo lo repito: Soy una puta. Y de las mejores.
La verdad es que espero que esto nunca cambie. Porque no hay nada más importante para un viajero que querer seguir viviendo con esas ganas de más. De ver cosas nuevas e interesantes de las que se pueda seguir aprendiendo. Porque como ya he dicho antes: Cuando se deja de aprender en un lugar, es hora de seguir andando.
AG.——–
No me gusta descepcionar a mis fans con algún video relacionado con el post y aquí les tengo un par de joyitas:
El primero, es el soundtrack oficial de esta publicación a cargo de la siempre fina y ejemplar, Lorna:
El segundo, es una llamada telefónica a la heroína personal del Andarín Gallardo. Una mujer que tiene clara su profesión y que defiende su putidad con el orgullo más respetable. Porque si hay una cosa cierta es esta: Cuando se es puta, se debe asumirlo con orgullo. Como dice esta mujer: Yo soy puta y SEACABAO!
El Andarín se quiere casar con la ciudad de los muros que hablan
agosto 23, 2010
Antes de empezar a publicar historias berlinesas, quería compartir un texto que escribí la primerza vez que vine a esta ciudad.
Debo confesar que hay pocas ciudades que me han enamorado como Berlín y sobre esto hablaré en otro post, pero lo que me gusta de releer cosas que escribí hace mucho tiempo es ver cómo ha cambiado uno según la etapa de vida. Muchas veces, lo que nos parecía increíble entonces ahora ni entendemos cómo nos puede gustar. Pero también es muy satisfactorio ver que mis sentimientos por Berlín siguen inmutados.
Desde esa primera vez, Berlín se convirtió en una obsesión. Me prometí volver para vivir en esta ciudad y cumplí mi promesa. Como todas mis relaciones amorosas, mi amor por Berlín ha sido a distancia, y ahora que nos mudamos juntos, en lugar de incomodarnos, todo se ha puesto mejor. Me enamoré de Berlín en un invierno sumamente frío y eso fue una prueba fortísima para nuestra relación. Vivir con ella en verano simplemente me terminó de enloquecer.
Me confieso enamorado de Berlín. la amo con una locura casi absurda y aún no termino de entender por qué (aunque tampoco necesito explicación). Es precisamente como cuando uno se enamora de alguna persona por primerza vez: Sólo se quiere estar con ella. A cada minuto del día. Como si fuera una droga.
Si pudiera hacerlo, iría a la alcaldía de Berlín para casarme con ella. Le juraría amor eterno. Acompañarle en las buenas y en las malas. En verano o en invierno.
No me importa que la tenga que compartir. Que tenga que dedicarle tiempo a sus otros amantes. Porueu cuando tengo mis citas románticas y momentos íntimos con ella, me vuelvo a enamorar de nuevo perdidamente y le perdono todo.
Mein Berlin. Schön Berlin. Lieber Berlin.
Nuestra historia de amor viene en varios episodios así que por ahora los dejo con lo que escribí al puro principio. El génesis del idilio del Andarín Gallardo con una ciudad llamada Berlín.
Berlín.
Berlín sin más.
Con una sola palabra se envuelve la vida e historia de una ciudad en la que los muros hablan.
Berlin de invierno es gris y silenciosa. Como un gigante durmiente que hiverna para explotar en verano. Una ciudad oscura en la que los muros hablan y cantan por la nostalgia de uno que los dejó hace tiempo.
Los muros de berlin se han dado a la tarea de contar una historia. De mostrarle a sus visitantes de lo que han sido testigos y recordarle a sus habitantes su razón de ser.
Hoy en día, los muros de berlin gritan por uno que cayó hace años y dejó de estar ahí. Gritando en silencio. Separando el mundo.
Los muros, al igual que los berlineses, viven en silencio mas no olvidan.
Esta ha sido mi primera visita pero estoy seguro que no será la última. Berlín es una ciudad que más que ser visitada merece ser vivida. Porque lo que encierra esa sola palabra, más que otra cosa, es vida.
Vea este video en vimeo.
Vienen dos posts relacionados con el último mes mundialista, lo observado en las ciudades que he estado y el hooliganismo que este evento deportivo genera en mí. Pero lo más importante, viene una declaración de amor por el Pulpo Paul. Para mí, el mejor personaje del mundial y el nuevo héroe indiscutible de España junto a Iker Casillas y Andrés Iniesta.
Viniendo de un país en el que el fútbol es religión, y con la euforia recién vivida por el mundial de Sudáfrica, debo confesar algo: No soy un fanático del fútbol.
Nunca he entendido qué diablos es un fuera de juego, voy al gimnasio o al cine durante partidos “clásicos” y admiro, entre otros talentos, la capacidad de los amantes de este deporte de poder notar en una transmisión de un partido cuando hay “mano” o cuando el árbitro ha pitado.
Es más, soy tan malo jugando fútbol que (aquí viene otra confesión) el primer gol que metí en mi vida fue un autogol.
Nunca lo voy a olvidar.
Calculo que tenía como 7 años. Por alguna razón estaba en el equipo de fútbol de la escuela y teníamos un partido amistoso con algún otro grupo de niños acompañados por padres orgullosos.
Con el pelo bien engominado y brillando con mi carrera al lado, estuve en la banca esperando nunca ser llamado a jugar. Pero eventualmente pasó. Sonó el pitazo del segundo tiempo y el profe Carlos me metió a jugar.
Creo que el juego iba empatado a cero para ese momento (y si no era así, para efectos de dramatismo trataré de recrear el mismo escenario de la recién pasada final de la copa del mundo).
Empecé a correr por la banda, para hacer algo durante el juego, sin esperar que me llegara el balón en ningún momento. Haciendo la pantomima de que me estaba moviendo para acomodarme para un buen pase. De repente, mi peor contrincante, la mala suerte, me hizo una de sus jugadas.
A partir de aquí el relato es en cámara super lenta:
Ricardo detuvo la pelota en el centro de la cancha, miró hacia los lados buscando a quien hacer el pase y, aunque presintiendo lo que iba a pasar decidí no hacer contacto visual con él, la cámara lenta no me dio chance y le dio la oportunidad a Ricardo de decirme en un microsegundo con su mirada que la bola iba hacia mí.
La sentí chocar contra mis pies. La miré. Luego hacia los lados, intentando pasarle el churuco a alguien más. Sin embargo, al ver un enorme espacio libre hacia la portería, decidí que éste sería mi momento de gloria. Yo iba a correr desde casi media cancha y dominar ese esférico hasta que entrara en la otra cancha. Y así lo hice.
Empecé a correr como loco. Y al ver que iba solo y que la gente empezaba a gritar, me sentí como Maradona en el partido contra Inglaterra (en el 86) o, para ser más actual, como Andrés Iniesta el domingo pasado.
Esta era mi oportunidad y todo parecía demasiado fácil. Mis adversarios no sólo no me marcaban sino que me abrían paso. Como sabiendo que yo era un bólido imparable y decidido a tener la victoria. Llegué a la portería con todo el impulso del mundo y, aunque debo confesar que en toda esta secuencia en cámara lenta me dio tiempo de pensar que me parecía extraño que el portero de mi equipo estuviera en la cancha contraria, le metí un puntazo a esa bola como si de eso dependiera mi vida. La bola entró y yo me giré cuadro a cuadro para empezar a correr y celebrar mi hazaña.
Pero en ese momento se acabó la cámara lenta.
Nadie venía a abrazarme y celebrar conmigo. Soñó un pito y las caras de odio e incomprensión de mis compañeros me hicieron darme cuenta de que algo no estaba bien.
No recuerdo muy bien lo que pasó luego. Sólo sé que volví a la banca. A mi nadie me había explicado que había cambio de cancha después del medio tiempo. Supongo que se puede decir (con el humor más negro) que, desde entonces, jugaba para el otro equipo.
Mi primer gol fue un autogol. Y la verdad es que no me avergüenzo de ello. Es una buena historia para contar y, lo que está clarísimo, es que nunca se me va a olvidar lo del cambio de portería tras el medio tiempo.
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Los dejo con un video “tributo” que alguien con mucho tiempo libre montó para mi cefalópodo favorito, con una de mis frases predilectas de su propio wikipedia y con un recuerdo de quien debe ser la prima maligna de Paul (y una de mis villanas favoritas de Disney), Úrsula, cantando un tema que le dedico a los holandeses.
“A pesar de haber nacido en el Sea Life Center de Weymouth,[3] [5] un pueblo del sur de Inglaterra, en la actualidad vive en las instalaciones del Sea Life Centre en Oberhausen, Alemania.[6] Su nombre fue tomado del título de un poema del escritor alemán de literatura infantil Boy Lornsen, titulado «Der Tintenfisch Paul Oktopus» (El calamar Paul, el pulpo).[7] [8] Según el director de Sea Life, Paul demostró pronto inteligencia, y afirmó que su peculiar forma de mirar a los visitantes les llevó a intentar comprobar su talento.[7"
Y ésta va para los holandeses


































