Add to wishlist: EVERYTHING ON THE SKYMALL CATALOGUE
abril 8, 2011
Oh yeah. If you started reading this, you know what’s coming… What you and I (and the rest of the world’s travelers) know, expect to find, read and love every time they get on a plane, yet don’t dare admit to adoring: SkyMall.
Oh yeah, baby. You know you’ve always wanted those foam steps for your dog to gracefully climb up into bed with you. Admit it. None of us can deny the insatiable need to at least try every single item on that magazine. I mean, it is the wet dream of any infomercial addict. A print version of infomercial-crack heaven!

Every traveler's dream come true. Wouldn't you just want this man to become your new BFF if he sat next to you on a plane?
Can you seriously tell me that you wouldn’t give anything to meet someone who actually has the SkyMall classic Big Foot statue in their backyard? I, for one, can say that I will not die happy until the day I finally do meet that person. If you are reading this, please make sure, if I unfortunately die without meeting the Big Foot’s classy owner, that I get THAT instead of a gravestone. Ugh. The mere thought of it is getting me all excited about my own funeral. That’s the kind of joy that only SkyMall can give.
If you want to seriously win me over, please send me something from that magazine. And don’t be common and at least have the class and decency to actually order it from the in-flight magazine and not the online version. SkyMall has its name for a reason.
Here are some scans from a copy I found on a recent flight to Phoenix on US AIRWAYS. And you know nothing says class as US AIR. Browse through these images as if you were having the privilege of entering my brain to see the items that compose my dream wedding gift-list.
First up: The slanket! (which I have decided to re-brand as the “#foreveralone blanket”)
Though I want this with all my heart, I have actually been threatened by my partner about getting it. Apparently, getting this is the equivalent to asking for a divorce in my relationship. Notice how the description aptly says – “for snuggling down with a book or laptop computer” (probably the only actual companions of the owners of this thing).
I don’t even need to introduce this next item. I only have to say that I agree with the Stanley Bing blog in saying that, if anyone is buying these amazing pieces of human creation, then there will forever be hope for any crumbling economy: people will buy anything!

I have no words to describe this. This is the epitome of WTF/ I need it! #foeverandeverandeverandeverALONE!
And you’ll never know what it trully is to live happily and eat right until you use the force and go all Jedi to de-germ your food!
I cannot end this post without saying that, regardless of wether these products are useful or not, wether people actually buy them like they’re going out of style or wether you love them or hate them, SkyMall makes for great in-flight entertainment!
Here are some jewels I found while researching more info for this post. Enjoy!
AG.
This is a song inspired by SkyMall…deep, deep stuff.
The Wort infomerciales in the world. I can´t stop watching this video and wanting every single product.
Finally, our friend Big Foot.
El Andarín se quiere casar con la ciudad de los muros que hablan
agosto 23, 2010
Antes de empezar a publicar historias berlinesas, quería compartir un texto que escribí la primerza vez que vine a esta ciudad.
Debo confesar que hay pocas ciudades que me han enamorado como Berlín y sobre esto hablaré en otro post, pero lo que me gusta de releer cosas que escribí hace mucho tiempo es ver cómo ha cambiado uno según la etapa de vida. Muchas veces, lo que nos parecía increíble entonces ahora ni entendemos cómo nos puede gustar. Pero también es muy satisfactorio ver que mis sentimientos por Berlín siguen inmutados.
Desde esa primera vez, Berlín se convirtió en una obsesión. Me prometí volver para vivir en esta ciudad y cumplí mi promesa. Como todas mis relaciones amorosas, mi amor por Berlín ha sido a distancia, y ahora que nos mudamos juntos, en lugar de incomodarnos, todo se ha puesto mejor. Me enamoré de Berlín en un invierno sumamente frío y eso fue una prueba fortísima para nuestra relación. Vivir con ella en verano simplemente me terminó de enloquecer.
Me confieso enamorado de Berlín. la amo con una locura casi absurda y aún no termino de entender por qué (aunque tampoco necesito explicación). Es precisamente como cuando uno se enamora de alguna persona por primerza vez: Sólo se quiere estar con ella. A cada minuto del día. Como si fuera una droga.
Si pudiera hacerlo, iría a la alcaldía de Berlín para casarme con ella. Le juraría amor eterno. Acompañarle en las buenas y en las malas. En verano o en invierno.
No me importa que la tenga que compartir. Que tenga que dedicarle tiempo a sus otros amantes. Porueu cuando tengo mis citas románticas y momentos íntimos con ella, me vuelvo a enamorar de nuevo perdidamente y le perdono todo.
Mein Berlin. Schön Berlin. Lieber Berlin.
Nuestra historia de amor viene en varios episodios así que por ahora los dejo con lo que escribí al puro principio. El génesis del idilio del Andarín Gallardo con una ciudad llamada Berlín.
Berlín.
Berlín sin más.
Con una sola palabra se envuelve la vida e historia de una ciudad en la que los muros hablan.
Berlin de invierno es gris y silenciosa. Como un gigante durmiente que hiverna para explotar en verano. Una ciudad oscura en la que los muros hablan y cantan por la nostalgia de uno que los dejó hace tiempo.
Los muros de berlin se han dado a la tarea de contar una historia. De mostrarle a sus visitantes de lo que han sido testigos y recordarle a sus habitantes su razón de ser.
Hoy en día, los muros de berlin gritan por uno que cayó hace años y dejó de estar ahí. Gritando en silencio. Separando el mundo.
Los muros, al igual que los berlineses, viven en silencio mas no olvidan.
Esta ha sido mi primera visita pero estoy seguro que no será la última. Berlín es una ciudad que más que ser visitada merece ser vivida. Porque lo que encierra esa sola palabra, más que otra cosa, es vida.
Vea este video en vimeo.
Andarín Gallardo et la machine à écrire.
junio 30, 2010


Tenía más de 6 años de no volver a París y creo que nada me había preparado para darme cuenta a mis 27 años que siendo un verdadero carajillo, con apenas 19-20 años, estaba viviendo en esta mega ciudad y manteniéndome solo.
Cosa que no soy capaz de hacer en este momento de mi vida.
A veces pienso que mi existencia ha sido un poco como la de Benjamin Button. De niño era más adulto que ahora, tenía clarísimo lo que quería y estaba seguro de que lo lograría.
No digo que no haya logrado las cosas que me he propuesto. Por suerte puedo presumir de haber tachado muchos de mis propósitos de año nuevo cada año pero, aún así, a los 6 años tenía muy claro lo que haría con mi vida e incluso recuerdo haber pensado en un plan para lograrlo. Supongo que esa claridad que uno puede tener en la infancia viene de la mano de la falta de responsabilidades que acompañan esa etapa de la vida.
Pero bueno, no me estoy quejando. Era simplemente un comentario: a veces me siento como Benjamin Button. Punto.
Paris siempre me hace pensar en una cosa importantísima para mi vida: Mi primera carta.
Exacto: Cartas. Les apuesto que ni habían pensado en lo que representaba el acto de sentarse a escribir una carta de carne y hueso. O de tinta y papel. Como prefieran decirle.
La primera carta que escribí en mi vida tenía como destino París. Dirigida al 91, Avenue Raymond Poincaré. La escribí en una máquina de escribir que teníamos en mi casa (creo que era una marca Olympia o algo así).
Máquina de escribir. Hasta suena raro decir esas tres palabras. Como que ya no tiene sentido: Como cuando uno empieza a repetir una palabra tanto que deja de tener significado. Maquina. De. Escribir.
Máquina.
De.
Escribir.
El sonido de esa máquina me encantaba. Era lo más cercano que me podía sentir a estar produciendo un grabado. Era algo que iba a escribir, letra por letra y que nunca volvería a tener en mi manos. No existe un archivo de reserva para esa carta. Ningún disco duro externo en el que pueda llegar a buscarla.
Me imagino que en ella sólo podía contar cosas muy básicas sobre mi vida en el momento. No lo sé. Lo que sí recuerdo perfectamente es estar sentado frente a esa máquina aprendiendo a usarla para redactar esa carta. No sé cómo es que lo puedo tener tan grabado en la mente pero ahí está. Recuerdo la carcasa blanca de la máquina con sus teclas negras y rodillo de caucho. El logo anaranjado justo en frente de mis ojos. Y la cinta negra que esperaba muda para ser agredida por las cabecitas con letras metálicas.
Obviamente lo que más me gustaba de escribir en esa máquina era llegar al final de cada línea para que sonara la campanita y que pudiera empujar la palanca y empezar a escribir de nuevo. Siguiendo ese momento, mi actividad favorita tenía que ser apretar varias teclas al mismo tiempo. Como un prodigio del piano cuando pierde el control y arremete fuertemente contra el teclado. Dejando así un enjambre de letras en la hoja.
Ahora que lo pienso, lo que más me motivaba para escribir esa carta era el hecho de pensar que ese sobrecillo iba a atravesar el atlántico de forma misteriosa para llegar a una ciudad totalmente ajena a mí. Esa carta iba a viajar. Iba a ir a un lugar que desde entonces quería conocer. Y con esa carta yo estaba viajando de alguna manera.
Por esto puedo decir que con esa teclas el Andarín Gallardo dio sus primeros pasos. Tenía muy claro lo que ocurriría con ese sobre y estaba seguro en mi mente de que algún día estaría parado en frente de la puerta por la que entraron mis palabras.
Empecé a viajar oficialmente con esa carta, y por suerte no he dejado de hacerlo.
Coachella: It’s all about the music (not really.)
mayo 2, 2010
El viaje por el viejo oeste empezaba con tres días de música en una ciudad llamada Indio. En el desierto californiano.
El famoso festival de música y arte del valle de Coachella. Ya había tenido la suerte de estar en ese festival hacía dos años pero estaba ansioso por vivir esta nueva edición.
Iba con un experto groupie… no de esos molestos que viven por estar “backstage” pensando que eso es “cool”, (sin darse cuenta que en realidad es bastante patético estar ahí atrás sin ser nadie y básicamente sin ver el espectáculo) – perdón por mi amargura pero después de ver tantos de estos epecímenes en mi vida, a veces al vaso se le derraman un par de gotas de veneno.
Hablando de groupies, las verdaderas, aquí está este link de un documental que se ve increible sobre este tema:
En fin, mi amigo “groupie” es el tipo de persona perfecta para tener de compañero en este tipo de evento. No sólo ama y respira música, sino que es una enciclopedia de datos inútiles sobre esta industria. Básicamente, su cerebro está tan lleno de useless facts sobre música, como el mío lo está de datos sobre cine y televisión o páginas de búsqueda de boletos aéreos.
Pasamos tres días geniales viendo a grupos con muy buenos shows y piezas de arte a gran escala que realmente vale la pena contemplar.
Entre los artistas que más me llamaron la atención:
Muse
Thom Yorke
Gossip
The Whitest Boy Alive
Phoenix
Imogen Heap
Para los amantes de los festivales, o incluso para los que no lo son, creo que Coachella es una experiencia totalmente recomendable. No tanto por los artistas que se presentan sino por lo espectacular del lugar en sí. Aunque es un absoluto lujo caminar por ese campo de polo y saber que a pocos metros de distancia uno puede tener artistas de la talla de Prince, Madonna, Roger Waters o Sir Paul McCartney.
Por otro lado, es un poco triste ver que el espíritu de “festival” ha mermado muchísimo. Siendo básicamente una gran convención de jóvenes acomodados que parecieran tener sueños mojados con los catálogos de Urban Outfitters o American Apparel. Los niveles de auto-producción a los que se someten para mí son indicador de lo que decía antes: Coachella no es tanto una experiencia musical como social. Es un experimento y vitrina para quienes asisten con una cierta nostalgia de lo que pudo haber sido algo como Woodstock.
Aun así, de nuevo digo que es totalmente recomendable y lo volvería a hacer sin pensarlo.
Aquí les dejo un video de Charlotte Gainsbourg durante su presentación en el festival seguido por un video NEFASTO lleno de datos inútiles como los que llenan mi cerebro. Es un video molesto y desesperante por la presentadora, así que disfrútenlo (o no) pero algo van a aprender.
Pronto estaré subiendo una galería de fotos del vijae completo así como varios posts que tengo pendientes: aventuras en San Francisco, el Road Trip por US1 y mi redescubrimiento del hielo.
El andarín y el Armagedón. Primera Parte
abril 27, 2010
Intrépido andarín escapa de volcán en erupción.
Traten de imaginarse la siguiente secuencia:
15 de abril de 2010. 8:30 am. Londres.
Llego al aeropuerto de Heathrow tras un par de horas de vuelo desde mi querida Barcelona. Emocionado por todo lo que prometía mi viaje hasta California.
Tenía sólo dos horas para hacer el cambio de avión (lo que para un aeropuerto de estas dimensiones es poco). De hecho, para cualquiera que quiera viajar y usar Londres como puerto de tránsito, le recomiendo siempre tener al menos dos horas para hacer los trámites. Siempre hay colas enormes en seguridad y las distancias entre las terminales pueden consumir buen tiempo de viaje.
En fin, conforme me apresuro hacia mi puerta de embarque noto que la gente está un poco alterada. Viajeros confusos buscando información en las pantallas de salidas de vuelos. Las cuales empezaban a parpadear con letras rojas. Yo les di poca importancia al principio, habiendo confirmado que mi vuelo estaba a tiempo para abordar. Conforme me acerco a uno de los controles de seguridad, veo en otras pantallas una imágenes de chimeneas de humo gigantes.
Sigo sin darles mucha importancia. Algún documental de la BBC sobre desastres naturales, probablemente. A mí qué más me daba, estaba a punto de cruzar el atlántico para establecer el récord personal de haber pisado cuatro continentes en un mes. Nada me podía estresar en este momento.
Excepto un volcán en erupción, por supuesto.
Justo al llegar adonde el oficial veo unas filas gigantes de pasajeros asediando a los oficiales con preguntas mientras estos trataban de explicar algo. Llegué justo al final de una de las explicaciones que un funcionario del aeropuerto daba a la gente. Parecían como esos círculos que se forman alrededor de los artistas o cuenta cuentos en las plazas. Sólo que lo que estaban contando nadie lo quería escuchar ni creer.
Al ver que se disipaba uno de esos grupos y la gente se volvía hacia mí con caras de incredulidad absoluta, le pido al cuenta cuentos aeroportuario que si me podía decir cuál era el problema. Ahí ya me estaba inquietando un poco, pensando que me hablarían de algún estado de alerta terrorista o algo más propio de la paranoia de nuestros días.
Nunca en mi vida, ni bajo el efecto de la droga más potente, hubiera imaginado la respuesta de antiguo testamento que iba a escuchar:
Estamos cancelando todos los vuelos a partir de las once de la mañana –dijo en su acento londinense- se dirige una nube de ceniza volcánica hacia Londres.
Supongo que no es necesario que les explique qué fue lo que pasó con esa explosión volcánica porque no hay noticiero que no haya hablado de ello: El desorden de espacio aéreo más importante desde los ataques a las torres gemelas en 2001. Y créanme que experimentar ese nivel de desastre en un aeropuerto de ese calibre es impresionante. Hagan ckick aquí en caso de no haber visto ninguna noticia al respecto.
Igualmente, a mi lo único que me importaba era saber si mi vuelo iba a poder salir. El hombre dijo que cancelaban todo a partir de las 11 y mi vuelo salía a as 10:30.
¿Un volcán en Islandia???? ¿Me están jodiendo?
A mi esto no me podía estar pasando.
Por suerte, fuimos uno de los últimos vuelos autorizados para salir del espacio aéreo europeo ese día.
En mi cerebro aventurero, obviamente, me gusta imaginar que mientras mi aeronave despegaba era perseguida sin piedad por esa nube de ceniza apocalíptica. Y que, como en las películas, los cientos de pasajeros que íbamos en el cilindro metálico aplaudimos en cuanto vimos de nuevo el cielo azul desde nuestras ventanas. Algo más o menos así:
Claramente esto último es todo producto de mi imaginación, pero así se lo pienso contar a las futuras generaciones.
La media vuelta al mundo en 33 horas.
abril 26, 2010
Así es. En mi último viaje le di la media vuelta al mundo. Literalmente. De hecho recorrí un poco más de la mitad de la circunferencia completa de nuestro planeta. 21,366 kilómetros (para un total de 33 horas de vuelos).
Siempre he sido impulsivo para temas de viaje pero mi última travesía es una de esas que se lleva una medallita por muchas razones (Y cuando uso la palabra travesía no lo hago a la ligera).
Viví una aventura en la que crucé el Atlántico escapando de un volcán en erupción, comí el bagel más caro de la historia en Manhattan justo antes de ser un extra en otro episodio de caos apocalíptico de la Gran Manzana. Todo esto, en ruta hacia el viejo oeste para adentrarme en el desierto californiano y luego subir en coche por la costa pacífica hasta San Francisco (esperando con todas mis fuerzas que no hubiera un terremoto que cerrara la trilogía “armagedónica” que parecía inminente).
Yo sé que suena exagerado pero cuando lo lean en los siguientes posts, verán que cada una de las cosas que les digo es cierta (y aunque no me lo crean, al menos se van a entretener).
Récord personal: ¡4 continentes en un mes!
abril 26, 2010
Este post lo tengo preparado en mi cabeza desde hace semanas pero entre tanto andar y andar se me hizo difícil encontrar el momento de redactarlo.
Es una idea sencilla. O más que una idea, simplemente el registro de un récord personal para este viajero.
4 continentes en un mes.
Me parece tan de mentira que creo que tengo que escribirlo de nuevo:
4 continentes en un mes.
No sé en qué momento salieron los planes ni cómo se realizaron pero las cosas más buenas en la vida pasan así y nunca hay que dejar de hacer lo que uno cree que lo va a hacer crecer personalmente.
Como dije en el post con el que inauguré esta bitácora de viajes y anécdotas, hay que vivir el momento y aprovechar lo que se nos presenta. Me he dado cuenta que para ser un andarín exitoso hay que decidirse a aventurarse realmente (en todo los aspectos de la vida). Soy consciente de que esto es más fácil decirlo que hacerlo, pero cuando uno se decide a dar ese paso, es cuando uno puede realmente confirmar que se siente vivo.
Mientras logre recordar y seguir este credo, el andarín sólo se detendrá a meditar sobre lo que ha recorrido, contar sus historias y tomar aire para dar el siguiente paso.
El Baño turco, comida estambulita y mi humillación pública (involuntaria) a un taxista.
abril 14, 2010
Me faltaba cerrar los posts generales sobre la experiencia de Estambul. Estoy seguro de que en el futuro se me irán ocurriendo otras cosas que comentar sobre el viaje pero no quería pasar a mi próxima aventura sin contarles algunas historias y consejos sobre ciertas experiencias que no se deben dejar de vivir en esta ciudad. Pueden ver más imágenes de este viaje en mi galería o en la galería de flickr de Laura Franco.
El Baño Turco
La verdad es que no sé por qué existe tanta confusión acerca del nombre que se le da a los distintos tipos de “baño” que uno puede encontrar en un espacio genérico de Spa. He escuchado a la gente llamarle “Sauna” tanto al baño de vapor como al cuarto con carbones y bancas de madera (hecho famoso por los escandinavos). Al mismo tiempo, he visto que se usa el nombre de “Baño turco” para el primero de los espacios que mencioné anteriormente así como a los baños públicos tipo piscina medicinal que tienen los húngaros. Por esto, antes de entrar a un auténtico baño turco en Estambul, no estaba muy seguro de lo que encontraría.
Lo que hay que tener claro es que no tiene nada que ver con ninguno de los anteriores excepto por el concepto de un espacio compartido en el que uno está ligerito de ropa (o completamente privado de ella).
Fui a uno de los baños turcos que nos habían recomendado tanto las guías como gente que ya había estado: Cemberlitas, uno de los más antiguos de Estambul. Por 55 Liras turcas (unos 25 Euros) tenía derecho al baño de 15 minutos por uno de los encargados más todo el rato que me quisiera quedar luego de eso en el lugar.
La verdad es que toda la experiencia vale la pena. Yo debo admitir que fue un momento que cualquier antropólogo social amateur valoraría sobremanera. La interacción entre un grupo de hombres desconocidos en torno a la actividad del baño es como un regreso a la infancia. Lo digo muy en serio. No sólo porque uno se siente como un niño mientras alguien mayor lo limpia, sino que uno vuelve a ese instinto masculino de socializar con quienes están ahí con uno en el momento. Llegué a la conclusión de que el baño, en general, es un bonding experience para los hombres tanto como lo pude ser una noche con los amigos viendo fútbol o en el vestidor después de hacer deporte. Es algo que sucede y punto.
Me pareció muy interesante un párrafo en una crítica de la película turca “Hamam”, sobre el concepto de homosocialidad. En una cultura en la que existe una segregación tan marcada de los sexos para muchas actividades (tanto las mesquitas como los hammams separan a los hombres de las mujeres), la necesidad intrínseca de los seres humanos por afecto y contacto se desarrolla dentro del entorno en el que cada uno se desenvuelva. Quizás aquí esté la clave para entender por qué en países como Marruecos, Turquía o India, los hombres anden de la mano o del brazo (entre amigos) sin que esto tenga la más mínima connotación negativa de homosexualidad.
Pero bueno, mi experiencia de Hamam debo decir que creo es lo más cercano que he tenido a estar en un bar de osos, sólo que aquí los osos lo bañan a uno en una bóveda centenaria que lo primero que me hizo pensar fue: así debe ser un hormiguero de arena roja por dentro. No me pregunten por qué.
Tras pagar, lo primero que uno hace (en el caso de los hombres) es subir acompañado por un señor que a punto de señas les muestra a uno un mini espacio con una cama. Son como “lockers” de tamaño humano pensados para que uno se desvista, deje sus pertenencias y duerma (si así lo desea) después del baño. Las únicas palabras que me dijo el hombre fueron: “rimuv clots. go daun.”
Hice lo que me dijo y bajé las escaleras del espacio común con una toallita como de trapo de cocina para ponerse alrededor de la cadera y cubrirme el kebab. Entregué una ficha que me habían dado en la entrada a un señor panzón que me recibió y me escoltó hasta la bóveda de marmol y barro.
La verdad es que no sé muy bien como describirla. Es como un si uno entrara a un espacio que tiene por techo un guacal de barro gigante puesto alrevés y con huequitos perforados para que entren algunos rayos de luz.
La verdad es que la entrada es bastante mística. Un espacio iluminado por haces de luz perfectamente definidos por el vapor y que cortan la humedad del lugar. Dirigiendo la mirada a la pieza central del Hamam. Una enorme mesa octagonal de marmol cuyo centro es calentado desde abajo con carbon. Sobre ella, al menos 20 hombres acostados relajándose, siendo bañados, o esperando su turno.
El panzón me indicó que me sentara ahí. Yo asumí que simplemente debía esperar.
Mientras esperaba aproveché para ver cómo era la dinámica. Un poco asustado por lo gritos que pegaban algunos hombres conforme los limpiaban y por la tosquedad con la que lavaban cada cuerpo como si fueran muñecos de trapo.
En eso llegó Ahmed. Mi oso panzón bañador profesional personal. nada más se puso la mano en su pecho peludo y dijo: “Ahmet. Tip after.”
Primero me lavó la espalda mientras yo estaba boca abajo contra la mesa de marmol caliente. Y ahí empezó todo. Entendí por qué los otros hombres gritaban o se quejaban. Es como una mini sesión de fisioterapia con jabón en la que a uno lo hacen literalmente como un trapo y que entre dolor y placer uno termina relajadísimo y más limpio que nunca. De repente sentí una nalgada que retumbó por toda la caverna vaporosa y con eso entendí que me tenía que dar la vuelta. Me lavó la cabeza, me terminó de quitar el jabón y luego de eso se despidió de mi, simplemente diciendo: “Good? yes? Ok. Ahmed. Tip after.”
Ahí acabó mi momento íntimo de homosocialidad con Ahmet.
Yo me quedé como una hora más en uno de los cuartitos laterales de baño que tienen. Hablando con otros turistas que estaban pasando por esa experiencia por primera vez como yo. Todos compartíamos historias mientras nos echábamos palanganas de agua fría y caliente con una humildad que sólo se puede tener cuando uno se encuentra en esa situación de vulnerabilidad: desnudo y aún sin entender que un hombre pansón y peludo le acaba de reacomodar a uno el cuerpo y sacarle la mugre hasta de donde no se podía.
Antes de salir le dejé la propina que tanto pidió mi querido Care Bear, Ahmed, en un botecito que tenían a la salida de los vestidores. Espero que se la hayan repartido.
Nota para las mujeres: Por lo que he escuchado la experiencia no es tan completa para ellas como para ellos, pero definitivamente es una tradición turca que se debe experimentar. Tomar un baño en un Hammam es tan necesario al estar en Estambul como comer paella en Valencia. Simplemente no se lo pueden perder.
Comida Estambulita
Uno de los mayores placeres que se puede tener en la vida es comer. Y si uno puede conocer la cultura de un lugar a través de sus sabores, aún mejor. Estambul es un lugar en el que hay que saber adonde comer pero definitivamente creo que es de esas ciudades en las que hay que aventurarse a probarlo todo y, siendo un pueblo marítimo dentro del marco general del mediterráneo, no podía descepcionar con la comida.
Los platos tienen mucha berenjena, frutos secos, especias, perejil, carne de cordero y yogurt. Sí: Mucho yogurt. Al igual que los griegos es una de las bases de su cocina y hace que todo sepa delicioso.
Mi consejo principal en cuanto a la comida en Estambul es que si uno va como turista evite al máximo comer en Sultanahmet. No sólo son restaurantes que funcionan perfectamente como trampas turísticas, sino que la calidad de la comida es bastante mediocre.
Lo que definitivamente recomiendo en cualquier parte de la ciudad, son los deliciosos Simit, una especie de pretzel gigante que lo venden en carritos ambulantes por todo sitio. Lo parten en dos y lo embarran con queso por sólo 1 euro. Si el hotel en el que se quedan no incluye desayuno (o aunque lo incluya), cómanse uno de estos cuando empiecen su día. El simit entró definitivamente en mi lista de desayunos favoritos de todos los tiempos.
Entre las mejores comidas que probé están los distintos Meze, que son como platos variados de “tapas” distintas. Mucha berenjena, muchas especias y todo delicioso.
También probé una delicia que se llama Kavurma que es como un wok de la carne que uno escoja (con vegetales) y lo sirven sobre una especie de tortilla gigante. Casi como un burrito abierto digamos. Encontramos un lugar justo al lado de Istikal Cadessi que nos pareció bastante bueno y con precios muy aceptables si uno no está viajando con mucho presupuesto. Aunque el “budget food” por excelencia sería un Kebab tradicional. De estos hay por todo lado. Y me comí uno justo en la primera esquina entrando a Istikal Cad viniendo desde Taksim y definitivamente lo recomiendo.
Para los viajeros más gastronómicos, creo que es absolutamente recomndable cruzar el Bósforo para comer del lado asiático. Esta zona de la ciudad, que es realmente como si uno entrara en una tercera cara nunca antes vista de Estambul, tiene un área de mercado y comidas mucho menos congestionada que las de Sultanhamet ya que no hay tantos sitios turísticos por visitar.
Al llegar a Asia tuvimos la suerte de hacer una amiga de 16 años simpatiquísima que nos supo explicar cómo coger el tram antiguo e incluso nos llevó a la mejor heladería del Estambul asiático (según ella).
Aparte de disfrutar platos exquisitos, es la única ciudad en el mundo en la que uno puede darse el lujo de ir a almorzar a Asia y luego regresar a tomarse el típico café turco en Europa, y eso hay que aprovecharlo. De regreso en el lado europeo, vale la pena pasar por el Istanbul Modern: El museo de arte moderno de Estambul que, aunque pequeño, se da duro con sus homólogos en Manhattan, San Francisco, Madrid o Londres. Vale la pena no sólo por la colección de arte sino por el restaurante. Cócteles deliciosos y unos platos que son una tortura para alguien que viaja con presupuesto.
Para más información sobre la comida turca, me encontré este sitio que está bastante completo.
El intrépido Andarín Gallardo humilla a un taxista (sin querer)
Una de las noches decidimos salir por el centro para vivir la noche estambulita (que por cierto es impresionante). El ritmo de vida nocturna que vi en Estambul creo que sólo lo puedo comprar con el de Madrid. Esas ciudades que parecen nunca dormir y que, a diferencia de Nueva York, son espacios de vida nocturna que a gente se nota que está disfrutando.
El área para salir por la noche en Estambul es definitivamente en el barrio de Beyoglu. metiéndose a callejear por la zona de Túnel.
Pero bueno, el punto es que luego de un concierto buenísimo de IAMX (un neo-emo post-glamrockero que da un espectáculo metículosamente pensado en el escenario), cogimos un taxi que nos llevara a nuestro hotel (que estaba un poco alejado de la zona). Cuando llegamos a nuestro destino, el hombre me muestra el taxímetro: 47 liras turcas. Laura hizo como para sacar su billetera pero siendo el gallardo caballero que soy decidí encargarme del asunto:
“Tranquila lau – dije- yo tengo un billete de cincuenta”
Le entrego el billete al hombre y en lo que comento cualquier idiotez con mi Bond Girl el hombre me regresa un billete de 5. De inmediato pensé que había algo extraño en el vuelto. Mi genio matemático me decía que el vuelto debió haber sido 3 liras y no 5. Pero en mi cabeza no sé por qué pensé que era que el hombre no tenía monedas entonces lo había redondeado a 45.
Empiezo a hacer que me bajo del taxi y el hombre se vuelve y me dice entre turco e inglés:
“Esto son 5 liras”
Yo pensaba que esto era obvio y no entendía que lo que en realidad me estaba tratando de decir era que yo le había entregado un billete de cinco liras y no uno de cincuenta.
Yo inmediatamente pensé en timo. No sólo por paranoia sino que en las guías había leído que en la ciudad muchas veces los taxista le hacían esta historia a los turistas y al final uno temrina pagando mucho más de lo que debió haber pagado. Volví a ver a Lau en búsqueda de aclaración y en lugar de solucionar el tema, echó leña al fuego:
“Yo leí que esto lo hacen para estafarlo a uno”-dijo Bond Girl- y para mi fue apenas el empujoncito para empezar a discutir con el hombre.
No, Señor.-dije- Tome sus cinco liras y deme mis 3 liras de vuelta. ¡Yo le di a usted 50 liras!
Recuerden que a todo esto estábamos en la puerta del hotel, sin hablar una palabra de turco con un taxista que lo único que sabía hablar era precisamente turco y ya con el portero y los botones del hotel asomándose para ver si había algún problema.
¡You give me five liraaaaaa! – nos decía el hombre en su mejor inglés con cara de desesperación al ver que la gente del hotel se acercaba para ayudarnos.
una vez con un intérprete de por medio, yo le decía al señir que yo estaba seguro que había sacado mi billete de 50 liras y se lo había entregado y que no tenía por qué ponerse tan violento.
El pobre hombre gesticulaba y hablaba fortísimo con el staff del hotel que trataba de ayudarnos y por lo que entendí por sus gestos, les decía que buscaran adentro del taxi o en su ropa. Que yo le había entregado 5 euros y que el que estaba equivocado era yo.
A todo esto, en mi billetera quedaba un billete de 50 liras turcas. Por lo que me empezó a entrar la duda de si le podía dar al hombre el beneficio de la duda. Además las expresiones del hombre yo ya las veía en cámara lenta. Al no ser capaz de entender nada de lo que decían, me enfoqué en analizar los gestos y mi conclusión llegó a ser que: O el hombre era un experto actor manipulador o estaba totalmente en lo correcto y yo me había equivocado al darle el billete.
Laura me decía: “¿Pero estás seguro de que tenías dos billetes de 50?”
No sé, no sé.- contestaba yo.
Típica discusión de pareja en problemas en el extranjero.
De hecho cuando mi “mujer” (porque en el hotel sólo me decían Mr. Franco) me metió carbón con el argumento de haber leído sobre los timos, me recordé de un viaje a estados Unidos con mis padres: Yo era el copiloto mientras mi papá conducía y nos metimos mal en una calle en una autopista y terminamos en una especie de parqueo desierto a altas horas de la noche. Cuando mi mamá se dio cuenta que mi papá y yo tratábamos de descifrar cómo coños salir del lugar, empezó a meter carbón poseída por la paranoia de la mujer latinoamericana:
“¡Nos van a mataaaaaaaar. -gritaba- ¡Tenemos que salir de aquíiiiiii! ¡Así fue como mataron a aquella familiaaaaa!” – la mujer perdió el control por un segundo y ese segundo fue suficiente para que mi hermano llorara en la parte de atrás y que hubiera en el carro un microsegundo de histeria colectiva y de divorcio inminente.
Pero bueno, me desvío de la historia de mi pobre amigo el taxista.
Ya para este punto los funcionarios del hotel nos estaba ofreciendo que si queríamos podíamos llamar a la policía mientras el taxista con una cara de mártir intentaba verme a mi a los ojos suplicando misericordia.
Empecé a sentir fuertemente que quizás yo me había equivocado y les dije que lo dejáramos así. Que simplemente le daba las cincuenta liras al hombre y que por favor me regresara las 3 liras que me debía. Él seguía exaltado por la situación entonces cuando le trataban de explicar volvía a gritar y decir que registraran su ropa y carro si era necesario.
No sé cómo se calmó la situación pero al fin resolvimos darle el dinero al pobre hombre y él me dio las tres liras para que pudiera irse en libertad. Los del hotel me dijeron que esa era una estafa que se hacía comunmente en Estambul y que pasaba mucho porque los billetes de 5 y 50 liras se parecen mucho.
Después de agradecerle a los muchachos, subimos a la habitación y yo me puse a hacer “cuentas.” Entiendan que por cuentas me refiero a tratar de recordar lo que había gastado y lo que debí haber tenido en mi billetera. Después de una media hora de tratar de descfirar mis números (porque mi cerebro matemático simplemente no existe) llegué a la conclusión de que mi pobre amigo el taxista había pasado esa vergüenza absolutamente en vano. Me había equivocado. Terriblemente.
Bajé al lobby para ver si había alguna manera de localizar al taxista a través de la compañía de taxis para pedirle disculpas (ya el portero había anotado el numero de placa del taxi para denunciarlo) pero me dijeron que no lo podían hacer y que me despreocupara. Que lo importante era estar claros de que contaba con todo mi dinero.
De esta expriencia logré confirmar un hecho de mi vida: quien me quiera estafar lo puede hacer a través de cuentas o números que se tengan que hacer rápidamente. Porque yo definitivamente no voy a ser capaz de calcularlo.
A través de este post le pido perdón a mi pobre amigo el taxista de Estambul. Un gallardo andarín siempre lleva el Gallardo en el pecho y no me podría quedar tranquilo sin pedirle mis más sinceras disculpas aunque sea por este medio.
Para recordar la vida del taxista. No hay nada mejor que dejarlos con una de las canciones mas nefastas jamás compuestas en el universo por quizás el artista que más detesto en el mundo. El cantautor que como mejor describe mi amigo “Gato” es el autor de “poesía para las mentes débiles”, el único e inigualable (gracias al cielo) Ricardo Arjona.
Santa Gatúbela: Patrona de Estambul
abril 12, 2010
Una de las cosas que más me había llamado al atención en Marruecos había sido la cantidad de gatos callejeros que había. De hecho me llamó tanto la atención que ya había empezado a hacer hipótesis sobre la relación entre estos animales y el Islam.
Sin embargo, lo dejé ir y no fue hasta llegar a Estambul que de nuevo me vi obligado a retomar mis hipótesis. Estambul debe tener tantos gatos como tiene gente. O al menos por cada diez habitantes humanos debe haber dos o tres gatos. Es algo impresionante. Cuando uno está callejeando por la ciudad a veces uno se siente como si la patrona de la antigua constántinopla fuera Gatúbela porque simplemente no es normal.
Uno ve a la gente dándoles de comer, a los felinillos echados al sol en frente de los monumentos, adentro de ellos o por cualquier lugar que uno se imagine. Inclusive nos sucedió que entramos a una tienda y adentro nos encontramos dos gatitos recién nacidos entre los percheros de ropa.
Yo simplemente no me podía quedar con la curiosidad así que me di a la tarea de investigar un poco sobre la relación del Islam y estos animalillos que yo tanto detesto. Estambul era la tercera ciudad musulmana que este andarín visitaba y los gatos eran un común denominador: Había que resolver el misterio.
Pueden leer más al respecto aquí pero, en resumen, tratar mal a un gato es un pecado gravísimo en esta religión. El Islam le enseña a los musulmanes los siguientes puntos respecto a su relación con los gatos:
-
el gato no debe ser vendido por dinero o cambiado por otros bienes
-
la saliva de los gatos es inofensiva a menos que el animal tenga “impurezas visibles” en su boca
-
los musulmanes pueden vivir libremente con gatos mientras les traten bien, dándoles suficiente agua y comida y otorgándoles una cierta libertad o tiempo para pasear.
Así que bueno, misterio de viaje resuelto. Los musulmanes siguen los pasos de los antiguos egipcios y adoran a los gatos (básicamente).
Mientras buscaba información al respecto encontré muchos posts de otra gente impresionada por lo mismo. Hagan click aquí para ver una galería de fotos que está super buena para ilustrar la cantidad de gatos que hay en la calle. Son imágenes del travel blog de otra persona pero están muy interesantes.
No puedo cerrar este post sin un pequeño tributo a las mejores Gatúbelas de la historia: Eartha Kitt y Michelle Pfeiffer. Primero les pongo el de Michelle porque simplemente me pareció la mejor manera de tomarme un café mientras me moría de la risa viendo imágenes de Catwoman con “Betty Davies eyes” de fondo. El segundo video es Eartha Kitt cantando en una de mis interpretaciones favoritas en blanco y negro. Disfruten:






















